25 de marzo de 2014

Hay 36 menores extraviados en Lima en lo que va del 2014


Nicolás debió llegar a su casa a las dos de la tarde como todos los días, pero el 14 de diciembre del año pasado no lo hizo. Su mamá lo buscó dos veces en el colegio, en un parque cercano y en la calle. Ocho horas después, Nicolás de apenas 7 años apareció. “Saqué C en el examen y tenía miedo de que me pegaran”, le dijo a la policía.

En lo que va del año, varios menores como Nicolás se han ausentado de casa por más de cinco horas, otros hasta días enteros y algunos aún no dan señales de su paradero. Según la policía, entre enero y marzo se ha reportado la desaparición de 68 menores de edad, 32 de los cuales ya han sido encontrados.

De acuerdo con la División de Investigación de Personas Desaparecidas, la ausencia de un menor debe ser denunciada lo más pronto posible para acelerar las diligencias. “Antes había límites de tiempo, ahora se considera desaparecido aunque solo hayan transcurrido cuatro horas sin tener contacto con sus familiares”, afirma el coronel Alberto Papuico Fuentes, jefe de la división.

Desde hace tres años, la Ley 29685 así lo dispone. La norma, dictada para agilizar la búsqueda de menores de edad, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad, intenta prevenir que los menores puedan caer en manos de los traficantes de personas.

La disposición es clara. Los familiares deben denunciar de inmediato a la comisaría más cercana y la policía no debe poner ningún obstáculo. “No importa si es alarmista, nosotros no medimos eso, peor es no reportar la denuncia”, sostiene Papuico.

Las comisarías tienen 24 horas para realizar la búsqueda y decidir la gravedad del caso. Las pistas de los desaparecidos guían a los investigadores a determinar si hubo otro delito en el camino: robo, secuestro, trata u homicidio.

HUYEN DE LA VIOLENCIA

El principal motivo de las desapariciones de menores está en los hogares. La mayoría huye de casa por temor a ser maltratado o porque se siente atraído  por la calle.
Lourdes Febres, coordinadora de la ONG Acción por los Niños, señala que esta reacción se debe a la falta de atención de los padres.

“Los padres trabajan todo el día y no saben nada de sus hijos. No hay diálogo”, resalta.

Febres asegura que esta realidad coloca a los menores en una situación de alta vulnerabilidad, la cual es aprovechada por los traficantes. Los adolescentes escapan del ambiente conflictivo y solo a veces regresan por voluntad propia. 

“No basta que la policía los encuentre, si los padres no solucionan el problema”, sentencia.