Editorial N° 245: EL ENFOQUE CENTRADO EN LA VÍCTIMA Y SU IMPORTANCIA

La trata de personas es un delito que viola de forma sistemática y multidimensional los derechos de la persona, socava su dignidad y la condena a vivir esclavizada. Se trata, además, de uno de los delitos más crueles y dañinos, especialmente cuando se ensaña con la población más vulnerable como niños, niñas y adolescentes.
Si bien todos los componentes de la lucha contra este delito tienen su importancia, la estabilización y reposición de los derechos de las víctimas es una obligación y una prioridad. En ese sentido, a fin de que los procesos de recuperación sean integrales y logren, luego del rescate, tanto la rehabilitación como la reinserción, deben tener un Enfoque Centrado en la Víctima (ECV). Este tipo de enfoque considera a la víctima, a sus necesidades y preocupaciones, como el eje central de todas las acciones donde participe.
El ECV aparece, en un inicio, en el ámbito penal donde a menudo el apoyo integral a los niños, niñas y adolescentes quedaba en segundo plano frente a la urgencia de investigar y perseguir el delito. Se buscó, entonces, dejar atrás la mirada que consideraba a la víctima solo como la prueba principal en los procesos judiciales contra los tratantes. El ECV, entonces, se instaló en este ámbito para empoderar a la víctima y alejarla de la revictimización, es decir, de la sobreexposición, de ser abordada con prejuicios y de revivir innecesariamente la violencia sufrida.
Sin duda, el ECV representa un avance en el desarrollo de estrategias de intervención. En tal sentido, quedó establecida la necesidad de que este enfoque tenga un carácter transversal, sistémico y, por tanto, esté presente en los todos los demás ámbitos que impactan a la víctima. De esta manera, con una intervención integral, las víctimas tienen más posibilidades de reintegrarse plenamente a la sociedad.
Pero, entonces, ¿qué acciones involucra este enfoque? El ECV supone: la restitución de los derechos de las víctimas, priorizar sus necesidades,  garantizar en todo momento su seguridad, asegurarle el acceso a la justicia, empoderarla y promover su participación en todo el proceso y, como se ha dicho, alejarla de la revictimización.Ahora bien, ¿quiénes deben tener interiorizado el ECV? Todos los profesionales que trabajen en temas relacionados a casos de explotación laboral y sexual, como la trata de personas, con énfasis en quienes, por su función, interactúan directamente con niñas, niños y adolescentes.
En esa línea de trabajo, CHS Alternativo es parte del proyecto Alianzas en Acción para terminar con la Trata de la Niñez en Perú, el cual surge en el marco de la Alianza de Cooperación para la Protección  de Niñas, Niños y Adolescentes, firmado entre el gobierno de Perú y de los Estados Unidos (CPC por sus siglas en inglés). Dicho proyecto el primero de su tipo en América y el tercero en el mundo- tiene como objetivo principal el fortalecimiento de las capacidades del gobierno peruano para erradicar la trata de personas, así como para proporcionar ayuda, asistencia y protección integrales a las niñas, niños y adolescentes víctimas en Lima, Cuzco y Loreto.
Gracias al proyecto, cuya organización ejecutora es la Organización Internacional del Trabajo, se vienen logrando avances importantes en la aplicación del ECV. No hay que olvidar, asimismo, que la capacitación y adquisición de habilidades por parte de los funcionarios públicos son indispensables para enfrentar el severo impacto que este delito ocasiona en sus víctimas.
Situar al centro de todo el proceso a quienes han sufrido la trata de personas y padecen sus consecuencias es la única manera de evitar que el daño sea irreparable. Los niños, niñas y adolescentes víctimas requieren, pues, un abordaje especializado que les permita curar las heridas y vivir con dignidad.

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