21 de julio de 2014

En busca de una vida más digna, más segura y más respetuosa




El tráfico internacional de personas es parte integrante de la migraciones, por lo que se hace necesario contar con la perspectiva de estos dos movimientos considerando que la trata es un delito contra la persona, y por lo tanto una violación de los derechos humanos.
Respecto a las migraciones, no se puede desconocer el derecho de cada persona de ir y venir de su país de origen, derecho éste reconocido por la Declaración de los Derechos Humanos (1948) en su Artículo XIII: "Toda persona tiene derecho a dejar cualquier país, incluso el propio, y a regresar a él”.

Desde esta perspectiva, no se puede afirmar que las personas estén siendo llevadas a la fuerza de su país.

En la mayoría de los casos, estas migraciones están relacionadas con las vulnerabilidades de orden social, económico y cultural que las lleva a dejar a su país en busca de una vida más digna, más segura y más respetuosa.

El modelo económico de desarrollo de cuño neoliberal contribuye a acentuar la desigualdad social y económica en los países periféricos.

Estas condiciones, unidas a una fuerte estructura patriarcal, generan un contexto en que la migración internacional pasa a ser vista como un buen mercado de trabajo, especialmente para las mujeres.

Por esta razón, muchas mujeres abandonan sus países impulsadas por la perspectiva de un futuro mejor.

La migración a un país rico y desarrollado puede ser una opción para no sólo lograr alguna oportunidad de trabajo en un mercado más prometedor sino también para escapar de la violencia urbana y doméstica a la que a menudo las mujeres son sometidas.

La migración femenina

La complejidad que rodea la problemática de las violaciones de derechos en la migración femenina es vista actualmente sólo desde el punto de vista de la trata con fines de explotación sexual.

En realidad, la migración femenina no tiene únicamente fines de prostitución sino también de cubrir la demanda en sectores como el servicio doméstico y la economía informal y también fines de casamiento servil.

Es fundamental establecer la conexión de la trata de mujeres con otras formas de violencia hacia la mujer estrechamente relacionadas con las estructuras internacionales racistas y sexistas, unidas a las políticas de migración discriminatorias que manipulan y despersonalizan esta violencia en particular.

Migrantes oriundas de países periféricos encuentran a menudo trabajo como niñeras, empleadas domésticas, cuidadoras de ancianos, entre otras ocupaciones difícilmente fiscalizables pues se trata de personas  "sin papeles" o en situación "irregular", ya que no poseen un permiso legal para trabajar.

Esta condición de "irregularidad" causa temor y hace que las migrantes desarrollen mecanismos de defensa, buscando la manera de permanecer "invisibles" al sistema y así protegerse.

Muchas se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y se sienten dependientes de sus empleadores, quienes se aprovechan de esta fragilidad jurídica y social sustentada en las políticas y leyes de migración, y abusan de ellas, generando situaciones que pueden configurarse como propias de la trata de personas.

Vulnerabilidad y desventajas

A menudo esas migrantes aceptan propuestas que momentáneamente pueden resolver sus problemas más comunes de supervivencia, pero que las dejan en gran desventaja, ya que tienden a aceptar todo tipo de imposición y de condición de subalternidad, coerción y violencia.

Humillaciones, jornadas exhaustivas de trabajo, violencia física y psicológica, sueldos inferiores al promedio local y amenazas de denunciarlas como "irregulares" en el caso de aquellas que carecen de visa son algunas de las situaciones de coerción más comunes que estas migrantes viven en Europa, por ejemplo.

Un agravante es que el trabajo doméstico se da en un ámbito privado, lo que hace que las situaciones de violencia sean invisibles para la sociedad o para las autoridades correspondientes.

La cuestión de la trata de mujeres se viene observando y enfrentando en Brasil y otros países sólo como una cuestión de explotación sexual.

Se necesita, en cambio, que sea vista también desde otros ángulos, abarcando otras situaciones de maltrato, como violencia física, humillaciones, engaño, sumisión, y las diversas formas de coacción, entre otros actos que constituyen violaciones a los derechos humanos.

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